Si no puedo
mirarte en esta vida,
haz, Señor,
que sienta, al menos,
que me ha faltado verte.
No permitas que lo olvide
un solo instante;
no me quites la punzada
de esta pena.
Mientras cruzo por el mundo
donde no parece
que Tú faltas,
haz, Señor,
que yo sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Mientras corre la ganancia
por las manos del avaro,
para quien no existes
porque simplemente
no te vistes de moneda,
haz, Señor,
que yo sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y mientras ellos buscan
con ansiedad loca
eso que brinda
el oro de esta tierra,
y yo pienso en el
tesoro oculto
de tu vida en nuestras vidas
y veo que es poco
o casi nada lo ganado,
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y, cuando
sentado a la vera del camino,
rendido de cansancio
pero alegre,
piense en el camino
que me queda
y en la felicidad
que tanto anhelo
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y, en las alegrías
de mi vida,
cuando río, juego y canto,
y cuando yo quisiera
que Tú fueras mi invitado,
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía;
haz que sienta que, al menos,
me ha faltado verte;
no permitas que lo olvide
un solo instante.
¡No me quites
la punzada de esta pena!
(R. Tagore)
mirarte en esta vida,
haz, Señor,
que sienta, al menos,
que me ha faltado verte.
No permitas que lo olvide
un solo instante;
no me quites la punzada
de esta pena.
Mientras cruzo por el mundo
donde no parece
que Tú faltas,
haz, Señor,
que yo sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Mientras corre la ganancia
por las manos del avaro,
para quien no existes
porque simplemente
no te vistes de moneda,
haz, Señor,
que yo sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y mientras ellos buscan
con ansiedad loca
eso que brinda
el oro de esta tierra,
y yo pienso en el
tesoro oculto
de tu vida en nuestras vidas
y veo que es poco
o casi nada lo ganado,
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y, cuando
sentado a la vera del camino,
rendido de cansancio
pero alegre,
piense en el camino
que me queda
y en la felicidad
que tanto anhelo
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía.
Y, en las alegrías
de mi vida,
cuando río, juego y canto,
y cuando yo quisiera
que Tú fueras mi invitado,
haz, Señor,
que sienta fuertemente
esa pena de no verte todavía;
haz que sienta que, al menos,
me ha faltado verte;
no permitas que lo olvide
un solo instante.
¡No me quites
la punzada de esta pena!
(R. Tagore)
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