Tan profunda, Señor, es tu Misericordia para con nosotros, que quisiste buscarnos y abrirnos un camino nuevo.
Salidos de tus manos creadoras, andábamos errantes, esclavos del pecado, desvaneciendo tu sueño primero.
Y tu corazón de Padre nos miró compasivo: En un gesto incomparable te diste por entero, regalándonos a tu Hijo amado.
Jesús, Amor hecho niño, que une en su carne al hombre con Dios.
Vos sos el Señor de nuestra historia, el Sol primero, que desde la Encarnación, resplandece para siempre en el corazón de cada hombre.
¡Dos mil años acunando este misterio! Y hoy, desde el umbral de nuestro tiempo, queremos disponer toda nuestra vida para celebrar este Amor que continúa latiendo en el seno de la Humanidad.
¡Gracias Señor, por seguir caminando con nosotros!
¡Gracias por estos años de ternura y salvación!
¡Gracias por hacer de nuestro tiempo una nueva Cuaresma!
Ésta es la humanidad que te canta esperando tu vuelta.
Aquí está tu iglesia que quiere albergarte en corazón pobre.
María nos recuerda que el dolor abre surcos de esperanza, que esta Madrecita buena transforme nuestra noche oscura y así, sepamos escuchar el eco más hondo de nuestra alma: ¡VUELVE, SEÑOR, OTRA VEZ...!
Salidos de tus manos creadoras, andábamos errantes, esclavos del pecado, desvaneciendo tu sueño primero.
Y tu corazón de Padre nos miró compasivo: En un gesto incomparable te diste por entero, regalándonos a tu Hijo amado.
Jesús, Amor hecho niño, que une en su carne al hombre con Dios.
Vos sos el Señor de nuestra historia, el Sol primero, que desde la Encarnación, resplandece para siempre en el corazón de cada hombre.
¡Dos mil años acunando este misterio! Y hoy, desde el umbral de nuestro tiempo, queremos disponer toda nuestra vida para celebrar este Amor que continúa latiendo en el seno de la Humanidad.
¡Gracias Señor, por seguir caminando con nosotros!
¡Gracias por estos años de ternura y salvación!
¡Gracias por hacer de nuestro tiempo una nueva Cuaresma!
Ésta es la humanidad que te canta esperando tu vuelta.
Aquí está tu iglesia que quiere albergarte en corazón pobre.
María nos recuerda que el dolor abre surcos de esperanza, que esta Madrecita buena transforme nuestra noche oscura y así, sepamos escuchar el eco más hondo de nuestra alma: ¡VUELVE, SEÑOR, OTRA VEZ...!
No hay comentarios:
Publicar un comentario