08 marzo 2009

Reflexión en torno a la MUERTE de mi MADRE

En este poco tiempo que ha pasado desde el miércoles que hospitalizaron a mi madre, viernes por la mañana que murió y sábado que fue el entierro… He tenido todo el tiempo del mundo para rezar por ella y pensar.
Pensar que tengo amigos que no son cristianos, o mejor, no viven como cristianos y a veces hemos comentado que los cristianos somos de los que peor llevamos el tema de la muerte de los seres queridos. Y puede que tengan razón.
Me he dado cuenta de que la tristeza de estos momentos es un poco egoísta. Yo estoy triste porque sé que ya no voy a tener a mi madre cerca, no la voy a poder ver… Siento un vacío. Me siento un poco más sola.
Si me paro a pensar en mi madre y viendo su cara allí, en el tanatorio, pensaba en ella. La paz, serenidad de su cara me recuerda que seguramente ha comenzado a vivir una vida más plena sin las limitaciones que nos afectan a todos los que seguimos aquí. La fe nos dice que no todo acaba en la muerte, en el deterioro de nuestra naturaleza que comienza pronto en realidad, antes de morir.
Mi madre ya está gozando de la felicidad plena, de la vida junto al Señor. Y seguramente también ha disfrutado del reencuentro con los seres queridos que ya no están aquí.
Tuve la tentación de sacar una foto de la cara de serenidad que tenía para no olvidar que fue un gran día para ella, el día de su plenitud, el día que se cumplía el final de su misión en el mundo. No lo hice porque como persona limitada que soy, prefiero recordarla en otros momentos felices que hemos compartido.

Quiero no estar triste porque ahora tengo otra intercesora más y por todo lo positivo que he aprendido de ella. Su recuerdo siempre quedará entre los que la queremos.

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