Cuando Elder Goldheart, un estadounidense veinteañero, recibió el encargo de ser misionero de su religión en España se quedó blanco y pensó en "tinieblas". Elder, camisa blanca impecable y pantalón y corbata negras, llegó a Madrid hace 11 meses y hasta el año que viene tendrá que predicar en la ciudad los principios de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Elder Goldheart acude todos los días a un templo en la calle de Pablo Iglesias, en el distrito de Tetuán (Madrid). Es sábado por la mañana y toca seminario para jóvenes. Él y otro misionero, que también se llama Elder, predican en este local situado en uno de los distritos de Madrid con más población inmigrante (un 22%), sobre todo ecuatoriana y magrebí. El local es enorme, blanco y aséptico. Una sala sirve de Centro de Documentación Histórico para la gente que quiera "descubrir sus orígenes". En otra hay una chica filipina ensayando al piano con unas amigas. 08 marzo 2009
La MILLA de la FE
Cuando Elder Goldheart, un estadounidense veinteañero, recibió el encargo de ser misionero de su religión en España se quedó blanco y pensó en "tinieblas". Elder, camisa blanca impecable y pantalón y corbata negras, llegó a Madrid hace 11 meses y hasta el año que viene tendrá que predicar en la ciudad los principios de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Elder Goldheart acude todos los días a un templo en la calle de Pablo Iglesias, en el distrito de Tetuán (Madrid). Es sábado por la mañana y toca seminario para jóvenes. Él y otro misionero, que también se llama Elder, predican en este local situado en uno de los distritos de Madrid con más población inmigrante (un 22%), sobre todo ecuatoriana y magrebí. El local es enorme, blanco y aséptico. Una sala sirve de Centro de Documentación Histórico para la gente que quiera "descubrir sus orígenes". En otra hay una chica filipina ensayando al piano con unas amigas.
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