21 febrero 2009

Tus PECADOS quedan PERDONADOS

Entre nosotros, son muchas las personas que han suprimido de sus vidas la experiencia del perdón de Dios. No buscan ya la reconciliación con el Creador. ¿Cómo reaccionan al descubrir su propia culpabilidad?
Sin duda, muchos de ellos saben enfrentarse a sus propios errores y pecados para asumir de nuevo con seriedad su propia responsabilidad. Hombres y mujeres fieles a su conciencia, que se auto-critican y son capaces de reorientar de nuevo sus vidas.
Pero no hay duda de que la persona que no tiene la experiencia de sentirse radicalmente perdonado, es una persona que corre el riesgo de empobrecerse y quedarse sin fuerza para enfrentarse con sinceridad consigo mismo y renovar su existencia.
Lo más fácil es vivir huyendo de uno mismo. Justificarse de mil maneras, culpabilizar siempre a los demás, quitar importancia a los propios pecados, errores e injusticias, eludir la propia responsabilidad.
Los creyentes no apreciamos debidamente la gracia liberadora y humanizadora que se encierra en la experiencia del perdón de Dios.
Que una persona que se siente perdida en sus propios errores y oprimida por su debilidad y el peso de sus pecados, pueda recordar, en esos momentos en que no ve salida, que Dios es su amigo.
Nunca es decisivo lo que ha ocurrido en nuestra vida y el pecado que hemos cometido. Mientras conservemos una pequeña fe en el perdón de Dios y en su misericordia, todo es posible. «Si nuestra conciencia nos condena, más grande que nuestra conciencia es Dios» (1 Jn 1, 19-20).
Aquel profundo conocedor del corazón humano que fue S. Agustín nos dice que la persona que sabe invocar a Dios en medio de su miseria es una persona salvada, liberada de sus ataduras. «El ser humano errante que grita en el abismo, supera el abismo. Su mismo grito lo levanta por encima del abismo».
Nuestra vida siempre tiene salida. Todo puede convertirse de nuevo en gracia. Basta creer en la misericordia de Dios, acoger agradecidos su perdón. Escuchar con fe desde el fondo de nuestra miseria las palabras consoladoras: «Hijo, tus pecados te quedan perdonados».
Quien cree en el perdón no está nunca perdido. En lo más íntimo de su corazón encontrará siempre la fuerza de Dios para levantarse y volver a caminar.
Por José Antonio Pagola

No hay comentarios: